BLASCOELES: SOBREVIVIENDO AL PASO DEL TIEMPO

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Blascoeles parece tener su origen en tiempos de la repoblación de estas tierras, que sobre todo tuvo lugar a partir de 1085, fecha en la que Alfonso VI da cierta seguridad a este territorio al recuperar Toledo. Comienzan entonces a organizarse las comunidades de Villa y Tierra, como la de Segovia, a la que perteneció Blascoeles. El topónimo que da nombre al pueblo alude a esta repoblación, para la cual se ofrecieron ciertas facilidades a familias del norte. En este caso, Blascoeles hace referencia a un antropónimo vascón, que nombra al pueblo con el nombre y apellidos del repoblador o fundador.

Eran muchos los pequeños pueblos que existían en esta zona en esos tiempos, como así lo demuestran varios pleitos que tuvieron durante siglos con la poderosa Abadía de Párraces, la cual, a partir del siglo XII comienza a tener terrenos en este territorio. Blascoeles ha sobrevivido al paso del tiempo, pero apenas quedan restos de Cardeña, Carrera o San Juan del Berrocal. Siglos atrás el curso del Rioviejas (ahora río Cardeña) rebosaba vida: pueblos, molinos, lavaderos y batanes ocupaban sus riberas. Hoy, unas pocas ruinas de la ermita de San Miguel de Cardeña y de la virgen de la Carrera, o la advocación a San Juan de las iglesias de Blascoeles y Maello en honor a San Juan del Berrocal, nos recuerdan la existencia de estas poblaciones.

Una de las fiestas que celebra Blascoeles es, por supuesto, San Juan, el fin de semana más próximo al 29 de agosto. Pero el lugar y festejos con mayor devoción en Blascoeles son los del Cristo de la Salud, cuya ermita es frecuentemente visitada por los habitantes del lugar, sobre todo durante las celebraciones de mayo y septiembre.

 

Ermita del Cristo de la Salud